Recuerdo esa conversión, la cual comenzaba hasta un mes ante de la navidad. La conversación que mi hermana y yo siempre tuvimos cuando éramos niños. Hablábamos sobre juguetes, el árbol navideño, nuestra juventud, las fiestas que íbamos a asistir, y sobre todo nuestra familia.
¿Tu crees qué mami te compre esa nueva Barbie? Ojala que si. ¿Y tía Lourdes, crees qué haga su arroz con dulce para la noche buena? ¡No pienso en otra cosa!
Cada noviembre la misma retórica, y cada diciembre de cada año, los mismo sueños.
Pero ahora las cosas son diferentes, y las palabras que mi hermanita y yo intercambiamos viven en el pasado. La navidad no tiene el mismo entusiasmo. Hoy en día no se habla de muñecas ni de juguetes, sino se habla de dinero y de prendas. Y la fiestas no tienen el mismo ambiente de antes; la bachata se dejo por el reggaeton, y los abuelos que jugaban domino y las abuelas que cocinaban ya no están con nosotros.
La navidad ahora duerme con el dinero y se olvidó de esos niños inocente que se soñaban de su favorito día de fiesta año tras año.
Wednesday, June 24, 2009
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